El anticristo
- Vivian Goiz

- 16 ene
- 3 min de lectura
“Te invito a un funeral”. Me dice Yesenia. “Ven, crúzate a este lado y camina conmigo.

"Acompáñame. Toma una veladora, una rosa y esta cruz. Yo soy una madre que perdió a su hija y tú me vas a acompañar a su funeral”.
Yesenia me guía hacia un féretro rosa a un costado de la “Antimonumenta” sobre la avenida Juárez. La sigo, tratando de no pisar los rostros impresos en lona de las desaparecidas y asesinadas, puestos ahí a modo de denuncia pública. Yesenia abre el féretro, está vacío salvo por un espejo.
“A la dueña de este ataúd, le pones tú el rostro. ¿Qué vas a hacer para evitarlo?”
A Yesenia le arrebataron a su hija, Marichuy. Estudiaba en el Instituto Politécnico Nacional al norte de la ciudad y la arrojaron de su departamento en un quinto piso. Murió por las heridas 7 días después, el 25 de enero del 2016. La carpeta dice homicidio, pero nadie fue arrestado. Un profesor y un compañero entraron con ella a su cuarto, los vecinos los reconocieron. Al ser revisados, ambos tenían rasguños de Mari en el cuerpo, pero las autoridades concluyeron que no había pruebas suficientes para retenerlos.
Si algo puede definir a Yesenia hoy, es el cansancio. Casi no tiene voz y se sostiene la garganta con la mano derecha por lo inflamada y adolorida que está. El gritar y reclamar por el feminicidio de su hija en contra de las autoridades, el responder a las amenazas de otros estudiantes que protegen a los sospechosos, protestar y dormir en el piso; esto es lo que la tiene exhausta, pero es necesario si quiere llegar a más gente con su historia.
Tiene una herida en la espalda y otra en el costado derecho del cuerpo. “Pasaron sobre mí en la marcha, creí que me rodearían pero no lo hicieron”. Yesenia lleva 4 días viviendo en una tienda de acampar anaranjada a lado del símbolo de la lucha feminista, rodeada por un tendedero de denuncias. Está sentada en un banco de madera e insiste a todas las mujeres que se acercan a aprender a defenderse o a portar un arma.
A pesar de los reclamos de sus otras 2 hijas, ella no tiene planeado regresar a su hogar pronto. Está convencida que un feminicidio es el equivalente a un ataque terrorista. “Mi vida se terminó el día que murió mi hija y las amenazas empeoran, un día me van a matar también a mí”. A sus 50 años, las lágrimas recorren su rostro sin maquillaje, pero se convence de que tiene que aguantar por Mari. La Antimonumenta se ha convertido en su hogar y como tal lo defiende. Por el momento, asegura que ahí permanecerá hasta que se sienta satisfecha con su lucha y eso, ella reconoce, “va a estar difícil”. VRG
En el 2019 yo estaba estudiando comunicación y me moría de ganas por escribir, por reportar. Años antes lo había hecho para los medios internos de la IBERO, pero esta vez, mi profesor, Pablo Ferri, nos enfrentó a las calles. En ese entonces toda la ciudadanía estaba impactada por la creciente ola de feminicidios en la CDMX, yo no era la excepción, siento una mujer joven me atravesaba más el tema.
Con esto en mente, para este proyecto decidí acercarme a las madres buscadoras el 8 de marzo de ese año. Este es un esfuerzo para darle luz a una mujer que sigue levantando la voz, incluso cuando el cansancio es resentido, porque la justicia aún no llega. Ella es Yesenia, esta es su historia y representa muy bien lo que vivimos las mujeres mexicanas día a día.




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